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El cuerpo de la sangha

Toda persona que viene a la práctica es un miembro de la sangha. Incluso si llegamos a Plum Village sólo una semana, nuestra presencia y nuestra práctica puede contribuir a la vitalidad y la armonía de la sangha, la comunidad espiritual.

En la sociedad, gran parte de nuestro sufrimiento viene de sentirnos desconectados unos de otros. A menudo no  sentimos una conexión real, incluso con personas que viven cerca, como nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo e incluso con los miembros de nuestra familia. Cada persona vive separada, sin contar con el apoyo de la comunidad. Estar con la Sangha, con la comunidad espiritual, puede curar esos sentimientos de aislamiento y separación. Practicamos juntos, compartimos una habitación, comemos juntos y limpiamos ollas juntos. Sólo por participar con otros practicantes en las actividades cotidianas, podemos experimentar una sensación tangible de amor y aceptación.

Thay dice a menudo que la sangha es un jardín, lleno de muchas variedades de árboles y de flores. Cuando podemos mirarnos a nosotros mismos y a los otros como hermosas flores y árboles únicos, podemos  realmente  crecer para comprendernos y amarnos unos a otros. Una flor puede florecer  a principios de la primavera y otra  a finales del verano. Un árbol puede dar muchas frutas y otro árbol puede ofrecer una fresca sombra. Ninguna planta es mayor, o menor,  que cualquier otra planta en el jardín. Cada miembro de la sangha también tiene regalos únicos para ofrecer a la comunidad. Cada uno de nosotros tiene áreas que necesitan atención. Cuando se puede apreciar la contribución de cada uno de los miembros y ver nuestras debilidades como un potencial de crecimiento, podemos aprender para  vivir juntos en armonía. Nuestra práctica es ver que somos una flor o un árbol, y a la vez somos  el jardín completo, todo ello interconectado.