Tocar la tierra
La práctica de Tocar la Tierra es para regresar a la Tierra, a nuestras raíces, a nuestros antepasados, y reconocer que no estamos solos, sino conectados a toda una corriente de nuestros ancestros espirituales. Somos su continuación y con ellos, seguiremos en las futuras generaciones. Nosotros tocamos la tierra para dejar de lado la idea de que estamos separados y para recordar que somos parte de la Tierra y de la vida.
Cuando tocamos la Tierra nos volvemos pequeños, con la humildad y la sencillez de un niño pequeño. Cuando tocamos la Tierra nos convertimos en grandes, como el viejo árbol enviando profundamente sus raíces en la tierra, bebiendo de la fuente de todas las aguas. Cuando tocamos la Tierra, inhalamos toda la fuerza y la estabilidad de la Tierra, y exhalamos todo nuestro sufrimiento, nuestros sentimientos de ira, odio, miedo, inadecuación y dolor.
Unimos nuestras manos para formar un capullo de loto y gentilmente nos doblamos hacia el piso, así nuestras cuatro extremidades y nuestra frente descansan cómodamente en el suelo. Si bien estamos tocando la tierra, volteamos nuestras palmas de las manos hacia arriba, mostrando nuestra apertura a las tres joyas, el Buda, el Dharma y la Sangha. Después de una o dos veces de practicar Tocar la Tierra (doblándonos hacia el piso tres o cinco veces), ya podemos liberar mucho de nuestros sufrimientos y el sentimiento de alienación; nos reconciliamos con nuestros antepasados, padres, hijos o amigos.

